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Authors: Margaret Weis,Tracy Hickman

Tags: #fantasía

La Séptima Puerta (41 page)

Y, entonces, la tormenta cesó con la misma rapidez con la que se había iniciado. Las nubes oscuras desaparecieron como engullidas a través de una enorme puerta abierta. Solaris volvió a brillar, cegando a los deslumbrados elfos con su intenso fulgor.

Cuando los kenkari salieron de las cámaras subterráneas, encontraron la Catedral completamente destruida. La cúpula de cristal estaba hecha trizas. Los árboles y flores del interior habían quedado cortados a tiras por la lluvia de cristales y enterrados bajo el granizo.

—¿Y las almas? —preguntó el Guardián de la Puerta, abrumado y lleno de temor reverencial.

—Han escapado —respondió la Guardiana del Libro con tristeza.

—Libres —musitó el Guardián de las Almas.

APÉNDICE I

BREVE HISTORIA DE LA SÉPTIMA

PUERTA, LA SEPARACIÓN Y LA

TRÁGICA DECADENCIA DE LOS

SARTÁN EN LOS NUEVOS MUNDOS

Compilada por Alfred Montbank

Nota del autor: Deseo reconocer y agradecer la colaboración de aquellos sartán que fueron testigos de los acontecimientos que he procedido a registrar en esta monografía. Su ayuda y su sinceridad me han resultado inestimables.

GOTAS DE AGUA

«Cada uno de nosotros tiene dentro de sí la capacidad para dar forma a su propio destino. Hasta ahí, todos lo entendemos. Pero hay algo más importante: cada cual tiene también capacidad para dar forma al destino del universo. ¡Ah!, eso resulta más difícil de creer. Pero os aseguro que es así. No es preciso ser el líder del Consejo de los Siete. No es preciso ser un rey elfo o un monarca humano o el dirigente de un clan enano para tener una influencia importante en el mundo que nos rodea.

»En la inmensidad del océano, ¿alguna gota de agua es más grande que otra?

»"No", diréis. "Pero una gota sola tampoco tiene la capacidad de causar una marejada."

»Pero yo digo que basta con que caiga una gota en el océano para que cree pequeñas ondas. Y para que estas ondas se extiendan. Y quizá, ¿quién sabe?, esas pequeñas ondulaciones alcancen a crecer, a cobrar fuerza y finalmente rompan contra la orilla, espumeantes.

»Igual que una gota en el vasto mar, cada uno de nosotros causa pequeñas olas en el transcurso de su vida. Los efectos de nuestros actos, por insignificantes que puedan parecer, se difunden más allá de nosotros. Tal vez no lleguemos a saber nunca qué efecto trascendente puede tener el acto más sencillo en los demás mortales. Así, en todo momento debemos ser conscientes de nuestro lugar en el océano, de nuestro lugar en el mundo, de nuestro lugar entre los pueblos.

»Pues, si unimos las fuerzas en número suficiente, podemos impulsar la marea de los acontecimientos... para bien o para mal».

Lo que antecede es un fragmento de un discurso pronunciado ante el Consejo de los Siete en los días inmediatamente anteriores a la Separación, poco después de la creación de la Séptima Puerta. El orador era un anciano sartán de gran sabiduría. Su verdadero nombre sartán se omite aquí, ya que dicha persona vive todavía y no ha concedido su permiso para revelarlo. (Ni está en condiciones de concederlo, ya que sufre una trágica pérdida de memoria y no recuerda en absoluto quién fue.) Hoy, conocemos a ese sartán por el nombre de Zifnab.

En el resto del discurso, el viejo sartán —que era miembro del Consejo con anterioridad a Samah— seguía oponiéndose con apasionamiento contra la propuesta de separar el mundo. Muchos de los miembros del Consejo que lo escucharon aquel día recuerdan la profunda emoción que les produjeron sus palabras. Buena parte de ellos empezó a dudar de la conveniencia de la propuesta que se pretendía aprobar.

Después de escuchar el alegato con fría cortesía, Samah, el presidente del Consejo, efectuó su réplica. Samah expuso con vivo detalle el poder creciente de los patryn, cómo se habían apoderado de los reinos mensch y cómo estaban organizando ejércitos con la intención de conquistar y destruir a los sartán.

Los miembros del Consejo recuerdan haberse sentido inspirados por la imagen del mundo del viejo sartán y terriblemente asustados por la de Samah. No es preciso decir que el miedo se impuso a lo que Samah denominó «idealismo meritorio pero falto de sentido práctico». El Consejo votó llevar a cabo la Separación, la captura y la encarcelación de los enemigos.

LA CREACIÓN DE LA SÉPTIMA PUERTA

¿Es cierto que los patryn se proponían conquistar el mundo? No tenemos modo de saberlo con certeza ya que, a diferencia de los sartán, no queda con vida ningún patryn de ese período histórico. De todos modos, conociendo la naturaleza de los seres conscientes, considero muy probable que Samah tuviera su equivalente en el bando patryn. Así, aparecen algunos indicios al respecto en la última parte del discurso del viejo sartán, en la que menciona por su nombre a un líder patryn hoy olvidado e insta al Consejo a optar por la negociación con tal líder, en lugar de recurrir al enfrentamiento.

Tal vez dicha negociación habría sido imposible. Tal vez la guerra entre las dos poderosas fuerzas fue inevitable. Quizás una guerra habría producido la misma destrucción y los mismos padecimientos que la Separación. Son incógnitas a las que nunca tendremos respuesta.

Una vez tomada la decisión, el Consejo se vio enfrentado a una tarea monumental: la elaboración de una serie de manipulaciones mágicas como nunca se habían visto en el universo.

Primero, el Consejo creó un cuartel general, una estructura tangible con una presencia física en el mundo. Se trata de la estancia que más tarde conoceríamos como la Cámara de los Condenados. Samah se refería a dicha sala como la Séptima Puerta, en referencia al plan propuesto por él mismo para la recreación del mundo, un plan que, con el transcurso del tiempo, quedaría reducido a una letanía sin sentido.

La Tierra fue destruida.

Cuatro mundos fueron creados con sus escombros. Mundos para nosotros y para los mensch: el del Aire, el del Fuego, el de la Piedra y el del Agua.

Cuatro Puertas conectan cada mundo (Ariano y Pryan y Abarrach y Chelestra) con los demás.

Para nuestros enemigos se construyó un correccional: el Laberinto. El Laberinto está conectado a los otros mundos a través de la Quinta Puerta: el Nexo.

La Sexta Puerta es el centro y permite la entrada: el Vórtice. Y todo se llevó a cabo a través de la Séptima Puerta. El final fue el principio.

Una vez que la Séptima Puerta tuvo existencia física, los sartán le proporcionaron existencia en un plano mágico, convirtiéndola en un «pozo» similar al construido por los patryn de Abri: un agujero en el tejido de la magia en cuyo interior existe la posibilidad de que no exista ninguna posibilidad.

Cuando esta escarcha mágica, por así llamarla, quedó limpia, los sartán pudieron entrar y dotar a esta cámara de la magia rúnica específica necesaria para producir la derrota y encierro en su prisión de los enemigos, la salvación de aquellos mensch a los que se considerara merecedores de ella, la destrucción del mundo y la construcción de los cuatro mundos nuevos. Una empresa monstruosa, pero los sartán poseían una magia poderosa y estaban desesperados de miedo. La creación de la Séptima Puerta les llevó mucho años de trabajo, durante los cuales vivieron con el temor permanente a que los patryn los descubrieran antes de estar preparados para actuar.

Por último, sin embargo, la Séptima Puerta quedó completada y su magia, preparada. Entonces, los sartán penetraron en ella y descubrieron, con perplejidad y pánico y desazón, que no estaban solos. Existía una posibilidad que nunca se les había pasado por la imaginación: que no eran los dueños del universo. Existía otro poder muy superior al suyo.

AGUA AMARGA

¿Cómo se manifestó este poder? ¿Cómo lo descubrieron los sartán? No pude encontrar a un solo sartán que quisiera discutir la experiencia, que todos calificaban de abrumadora. Si me baso en mi propia experiencia la primera vez que penetré en la Cámara de los Condenados, debo llegar a la conclusión de que las percepciones de ese poder superior eran diversas y muy personales. En mi caso, por primera vez en mi vida, me sentí amado y aceptado, en paz conmigo mismo. Pero supongo que, para otros sartán, las revelaciones no eran tan agradables.

(Ciertamente, como Haplo ha sugerido, fue esa misma fuerza la que impulsó a los sartán de Pryan a abandonar la protección de sus ciudadelas fortificadas y adentrarse en las junglas, que ellos habían creado pero cuya responsabilidad se negaban a aceptar. Más adelante, volveré sobre este punto.)

Por desgracia, el conocimiento de que en el universo existía otro poder superior no disuadió a Samah de sus planes. Lo que hizo fue alimentar su miedo. ¿Y si los patryn lo descubrían también? Cabía la posibilidad de que se pusieran en contacto... ¡Tal vez ya lo habían hecho! Samah y los miembros del Consejo y la mayoría de los sartán se dejaron llevar por el pánico. Las gotas de agua amarga se agitaron hasta formar una ola de terrible potencia que barrió el mundo.

Y los sartán que, como Zifnab, protestaron contra la decisión del Consejo y se negaron a respaldarla fueron considerados traidores. Y, para evitar que su traición contaminara y debilitara la magia de la Séptima Puerta, estos opositores fueron hechos prisioneros y enviados al Laberinto junto con los patryn.

LA CAÍDA DE LOS PATRYN

Cabría pensar que la captura y el encarcelamiento de los patryn tuvieron que resultar tremendamente dificultosos y provocarían batallas mágicas de la más tremenda magnitud. Que los sartán temían que así fuera lo atestiguan los hechos de que crearan armas mágicas como la Hoja Maldita y de que armaran y entrenaran a los mensch para combatir por la «causa» sartán.

Pero, al final, según los sartán con los que hablé, la captura de los patryn resultó relativamente sencilla.

Contribuyó a ello la propia naturaleza de los patryn. A diferencia de los sartán, de hábitos gregarios, los patryn tenían tendencia a vivir aislados y pasaban la mayor parte del tiempo separados de los demás o en pequeños grupos familiares. Era un pueblo egoísta, altivo y orgulloso, que sentía poca compasión por su propia gente y absolutamente ninguna por los demás. Tales eran sus envidias y rivalidades que les resultaba imposible unirse, ni siquiera frente a un enemigo común. (Ésta era una de las razones de que prefirieran vivir entre los mensch, a los que podían intimidar y controlar.) Así pues, los patryn resultaron presa fácil para las fuerzas unificadas de los sartán, y fueron reducidos uno a uno.

EL PRINCIPIO DEL FIN

El viejo sartán al que hoy conocemos por Zifnab se negó a abandonar el mundo. Cuando los guardias sartán (uno de los cuales era Ramu) se presentaron a detenerlo, no lo encontraron. Zifnab había sido puesto sobre aviso de lo que sucedía. (¿Fue Orla quien le hizo llegar la voz? Ella no lo confesó nunca, pero yo me lo pregunto a menudo.) Los sartán lo buscaron. De creer sus argumentos, no querían que ninguno de los suyos afrontara el horror de lo que sabían que se avecinaba. Pero Zifnab los eludió. Permaneció en el mundo y presenció la Separación.

La experiencia lo volvió loco y, sin duda, habría perecido pero, de alguna manera, consiguió alcanzar el Vórtice y desde allí entró en el Laberinto. No se sabe cómo lo consiguió, pues Zifnab no guarda el menor recuerdo de ello. Puede que en su rescate tuvieran algo que ver los dragones de Pryan —la manifestación del poder superior en su forma benéfica— pero, si fue así, esos seres se niegan a hablar del tema.

Los restantes sartán escogieron cuidadosamente a los mensch considerados merecedores de repoblar los nuevos mundos y los llevaron a lugar seguro (al Vórtice). A continuación, los sartán se encerraron en la Séptima Puerta y pusieron en práctica su magia. (No me extenderé en esto. Todo lo que vi y experimenté cuando fui transportado mágicamente a ese momento aparece descrito en las amplias notas de Haplo sobre el tema, recopiladas bajo el título de «La Séptima Puerta».)

EL FINAL DEL PRINCIPIO

Una vez realizada la Separación y creados los nuevos mundos, los sartán que habían sobrevivido a las fuerzas aterradoras que ellos mismos habían desencadenado fueron enviados a los nuevos mundos para empezar unas nuevas vidas, y se llevaron con ellos a los mensch, a quienes pretendían conducir como si fueran rebaños de ovejas.

Samah y los miembros del Consejo escogieron Chelestra como base de operaciones. En aquel punto, Samah debería haber destruido la Séptima Puerta. Creo que incluso había recibido el mandato del Consejo de proceder a ello y que, al dejar intacta la Puerta, desobedeció una orden directa del Consejo de los Siete. Sin embargo, no tengo pruebas de ello. Los miembros del Consejo con los que hablé se mostraron muy evasivos. Siguen, ay, decididos a honrar la memoria de Samah. Bueno, el gran consejero no era malvado; sólo era un hombre asustado.

A mi entender, lo más probable es que Samah tuviera la intención inicial de destruir la Séptima Puerta, no obstante, posteriormente las circunstancias se combinaron para convencerlo de que debía dejarla abierta. Casi de inmediato, tuvo que enfrentarse con problemas en su nuevo mundo. Se estaban produciendo sucesos extraños e imprevistos, sucesos sobre los cuales los sartán no tenían el menor control.

LAS SERPIENTES

El agua marina de Chelestra resultó tener un efecto devastador sobre la magia sartán: anulaba por completo sus efectos y, por tanto, dejaba absolutamente impotentes a quienes se servían de ella. Los sartán se quedaron perplejos. Ellos no habían creado tal océano anulador de la magia. ¿Quién lo había hecho, entonces? ¿Y cómo? ¿Y por qué?

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